Florentino Viale. viajero del tiempo, artesano de la historia

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Florentino Viale vivió en Sunchales, su historia es similar a la de cualquier sunchalense: estudio, trabajo, progreso, retiro.

Fue docente, empleado y empresario, pero en su biografía hay un designio singular que lo convierte en notable y relevante: la pasión por los autos antiguos y la construcción exacta de sus réplicas.

Me contaba Flor en su cocina:

Nací en 1931 en Colonia Bigand pero mis padres se radicaron aquí en Sunchales. mi ciudad querida, donde comencé a cursar los estudios primarios. El principio fue difícil: en casa hablábamos en piamontés. Yo sabía algo de castellano pero mi acento era un problema, por suerte la esposa de uno de mis tíos me enseñó a pronunciar el idioma. A los 8 días de iniciadas las clases la maestra me llevó a la dirección, imagínese el susto, pero el director me tomó unas pruebas y me dijo que a partir del lunes siguiente me pasarían a primer grado.

Este es mi pequeño mundo, mis  padres eran campesinos, o sea que mi futuro estaba en la tierra, pero el amor por la mecánica lo tenía desde muy chico; ese fue mi destino y esto su resultado.

Desde el primer Fiat del año 1899, al Chevrolet 1939 que conducía Juan ManuelFangio, sus manos diestras y su mente singular encontraron recursos e idearon soluciones para reproducir modelos a escala con perfección y detalle.

Anécdotas, recuerdos y vivencias conforman un relato apasionante. Escuchar las dificultades que venció para reproducir piezas ya olvidadas con materiales disponibles en plaza es una lección de empeño y meticulosidad.

Portada del proyecto. Diseño Diana Woscoff

En el año 2013 junto a mi equipo de trabajo concebimos la idea de plasmar la vida de Florentino en un cortometraje, guionamos, investigamos, horas de charla con Viale y mi guionista Luis Lorenzo para recopilar datos y poder así llevar al papel las palabras y vivencias.

Al cabo de algunas semanas teníamos todo el proyecto, si, presupuestos, personal, todo, lamentablemente nunca pudimos conseguir los recursos necesarios para poder rodar este merecido reconocimiento a Flor, como yo siempre le decía.

En este punto es donde a uno lo retuerce una fuerza interior que genera ebullición en la sangre, si, literalmente la sangre hierve, hierve porque se pierde la memoria histórica, el relato, la experiencia.

Me molesta la mirada al costado de la sociedad, solo se compromete en algún caso en ir al velorio y hacer acto de presencia y cara de congoja.

La política se sume en la demagogia protagonista y también la literal, el vamos a hacer!!! Mentira!! Nadie hace nada en pos de la cultura y la educación, solo son meras escaramuzas que no van a ningún lado.

Su taller huele a metal, olor y atmósfera apropiadas para su labor cotidiana de precisión y paciencia. Un ámbito donde la historia de la mecánica de la primera mitad del siglo 30 se recrea constantemente.

Para mí en lo personal me basta haber compartido con Flor decenas de horas, tanto en su casa como en la mía, haber escuchado sus anécdotas es un privilegio que poco nos tomamos el derecho de recibir.

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