Él cree saberlo aunque no sepa nada y yo, no sabiendo nada, creo no saber.

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Él cree saberlo aunque no sepa nada y yo, no sabiendo nada, creo no saber, esto decía Sócrates cuando se enfrentaba a los que los juzgaban, acusado de impiedad, de corromper a los jóvenes y de ir contra las leyes. En «Apología de Sócrates», su discípulo Platón, al que le debemos que le diera voz en sus escritos, recrea el juicio, del que fue testigo. El filósofo se defendía de extraña manera aludiendo a su condición de hombre más sabio que el resto –según el oráculo de Delfos, consultado por Querefon, no había otro más sabio que él–. ¿Soberbia? En absoluto: Sócrates relata cómo visitó a los políticos, poetas y artistas y cómo sus conclusiones no hicieron sino crearle enemigos. «Razonaba conmigo mismo y me decía: yo soy más sabio que este hombre. Puede muy bien suceder que ni él ni yo sepamos nada de lo que es bello y de lo que es bueno; pero hay esta diferencia: que él cree saberlo aunque no sepa nada y yo, no sabiendo nada, creo no saber.

La asamblea le escuchó y decidió: 281 jueces votaron en contra del pensador; 275 a favor. Según las leyes, él mismo podía escoger su pena entre varias, pero le impusieron la muerte. «Hay una cosa muy honesta que me impresiona –cuenta Pou–: su enorme respeto por la democracia. Se puede decir que él mismo se sacrificó por no perjudicarla. Tuvo la oportunidad de escaparse, de sobornar a los guardianes, pero dijo: ‘‘En absoluto. Supondría que las leyes no sirven para nada’’. Decía: ‘‘Si yo llevo años luchando, acusando a todos esos miembros de las altas esferas que se saltan las leyes, yo no puedo ahora desobedecer las que me han condenado a muerte’’». En lugar de eso, leemos en Platón, prefirió tener la cabeza bien alta: «Hubiera sido para vosotros una gran satisfacción haberme visto lamentar, suspirar, llorar, suplicar y cometer todas las demás bajezas que estás viendo todos los días en los acusados (…) No me arrepiento de no haber cometido esta indignidad, porque quiero más morir después de haberme defendido que vivir por haberme arrastrado ante vosotros», les dijo a los jueces que le habían sido adversos. La cicuta pasó a estar asociada a su nombre.

Se encendió el año político en la Argentina y en este pueblo santafesino de Tacural, ya se escuchan voces, voces por debajo de la oscuridad, voces que no aportan, voces que corrompen, voces que amedrentan, voces que prometen, prometen sin haber hecho.

Y así se escuchó… me dijeron que estas en la lista de fulano, es verdad??? Si aseveró el comerciante, vos sabes que yo te compro mucho dijo el politiquero y sentenció, esta es la última vez que piso tu negocio!!!

Esta es la democracia por la cual se inmoló Sócrates? esta es la democracia que tantos llenas sus bocas pronunciando  y defendiendo? esta es la democracia planteado como el sistema político mas sano?

Esta es la democracia donde se esconden intereses, intereses personales, intereses de grupetes ávidos de poder.

Esto mediocres políticos son capataces de estancia los cuales someten a sus súbitos, personas que no están dispuestas a discernir y disentir en pos de un crecimiento democrático, son los famosos dueños de la pelota que sino juegan no hay pelota.

Prometen, prometen y prometen y  lo que la gente no se acuerda de nada, hacen lo que quieren, el perjurio debe ser contemplado como delito y a estos politiqueros baratos  juzgarlos.

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