Tomás Achaval presentó sus vinos en Puan

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Fue el viernes en “Don Carlos, Vinos & Delicatessen”, con una degustación de su línea “Nómade”.
Este Ingeniero Industrial, de 59 años, exporta sus vinos a varios países. Comenzó su carrera en Monsanto, luego gerenció la Bodega Chandon y hasta fue CEO de importantes medios como Telefé y Radio Continental.
En 2004 vio que era el momento preciso para invertir en lo que llama la pasión de su vida. Sus vinos son elaborados con uvas que selecciona personalmente en la zona de Los Andes, buscando viñedos únicos por su ubicación, edad y cultura de trabajo. De ellos obtiene “Nómade” y “Siete Lunas”, líneas que sorprenden a los entendidos por su personalidad y elegancia.

Tomás Achaval se distingue por su carácter activo, inquieto por conocer, descubrir e innovar. Así es su vida, un permanente viaje en busca de consolidar su identidad como productor de vinos.
La idea de Nómade parte de la opinión que él tiene sobre el vino y sus regiones: “No se pueden optimizar todas las variedades en una sola región o zona”, dice.
Es por ello que, como un nómade, Tomás recorre en forma personal la región andina, buscando los lugares y climas donde mejor se desarrollan y adaptan las distintas cepas.

– ¿Ésta es su primera vez en Puan?
Sí, estuve de pasada por Sierra de la Ventana, otro lugar que quiero visitar con más tiempo.

-Un dato curioso es que usted fue abstemio gran parte de su vida. Y hoy nos muestra una faceta diferente, con un nombre reconocido en el negocio de la producción vitivinícola ¿Cómo se dio esa metamorfosis?
Mi relación con el vino puede definirse como un amor a primera vista.
Antes trabajé como un joven Ingeniero Industrial en la empresa norteamericana Monsanto. En la década de 1990 volví a Argentina con Monsanto. En ese entonces, era abstemio, no tomaba ni cerveza.
Cuando me ofrecen la gerencia de Bodegas Chandon, querían que yo maneje el negocio y haga cambios en temas comerciales. Yo estaba formado en lo relacionado al área de marketing y manejo de negocios, además había vivido mucho tiempo afuera en muchos países. Entonces, podía ayudarlos. Lo pensé, me tomé un tiempo, y cuando entré en esa industria me enamoré.

-¿Tuvo algún maestro, alguien que lo haya guiado en los secretos de este negocio?
Si, uno fue la persona a la que yo debía reemplazar en Chandon, un hombre mayor, también Ingeniero Industrial. Era Jean-Pierre Thibaut, cuñado del Barón Bertrand de Ladoucette, el fundador de la Bodega y pionero del desarrollo de la enología en la Argentina. De ahí nace el conocido champagne Barón B.

-De hecho a usted le fue muy bien, porque logró nada más y nada menos que introducir el champagne argentino en EE. UU.
Llegamos a abrir oficinas en Rusia e hicimos mucha fuerza en EE. UU. En Argentina se lanzaron productos nuevos como Terrazas, el champagne de envase más pequeño. Realmente, se lograron cambios importantes como el posicionamiento global de la marca. Anduvo todo muy bien, le tengo un cariño enorme al personal de la bodega que siempre me respaldó.

Jorge Pons, propietario de “Don Carlos”, junto al empresario Tomás Achaval

-Cuéntenos sobre su experiencia manejando canales de TV importantes como Telefé o el 9
-Estuve a cargo de una logística enorme. Fueron tres largos años en donde además fui presidente y gerente general de Radio Continental y canales de ciudades como Bahía Blanca, Rosario, Neuquén y Mar del Plata.
A muchos de los que uno conoce en ese ambiente, ya sea en la televisión, la conducción o a la actuación, los admiro. Porque es mucho el esfuerzo diario, son lugares donde tenés que estar siempre bien, hay mucha competencia. Sacando a personajes como Tinelli o Susana que son estrellas únicas, el resto la rema y es muy duro. Pero, más allá de todo, pienso que lo realmente complejo del medio es el entorno.
Cuando me decidí en 2004 a dejar el negocio de los medios, lo hice con la firme convicción de saber que “eso no era para mí”.
Luego, llegó la necesidad de cambiar, de volver a las raíces y me dediqué a algo que realmente me gusta: la producción de vinos.

-¿Percibe que la situación actual del país perjudica el negocio del vino?
En estos años, he manejado negocios grandes y puedo concluir en que los gobiernos en Argentina, independientemente de su ideología, le hacen la vida imposible al empresario honesto.
El Estado toma control de todo, malgasta plata que no es de él y en lugar de brindar servicios brinda problemas. Estos cambios monstruosos de ahora y la inflación que viene desde hace 60 años, hacen inviable cualquier negocio.
Uno no puede tener inflación en moneda dólar. Es imposible salir a exportar. Durante años exporté a Hong Kong, pero cuando acá hubo cepo e inflación en dólares, tuve que levantar la marca, no pude competir.
Cuando dejás un mercado, dejás detrás distribuidores que apostaron a tu marca. Uno también lo hace poniendo su capital para estar promocionando en diferentes eventos y ferias en todo el mundo.
Hoy con esta gran devaluación muchos piensan que se puede exportar, pero se olvidan que tributamos altos aranceles para hacerlo. Nosotros ganamos, pero también arriesgamos mucho dinero.
Yo igual apuesto acá, a mi país, pero es duro. Me vi sin más salida que vender al exterior los vinos más caros, y en menor volumen, afortunadamente los mercados extranjeros responden.
Hay un segmento consumidor medio que desapareció en Argentina, está estancado.

-¿Le da trabajo a mucha gente?
-Depende el año y la producción, hay años en los que empleamos a 100 cosechadores. Y otros en los cuales contratamos a 15 o 20.

-¿Cuál es el varietal argentino más valorado en el exterior?
El Malbec. Argentina se posicionó como la mejor productora del mundo. Los vinos de la línea “Nómade” son amables a los sentidos, con taninos dulces. No tiene la complejidad de un Cabernet Sauvignon o un Sirah, pero posee la amabilidad que no tienen los otros.
En el caso del Malbec argentino, hace la diferencia por la temperatura que genera la altura donde se desarrolla su vid. Eso hace la diferencia. Producimos vinos de mucha estructura y expresión, que lo hacen diferentes al de otras partes del mundo.
La inmigración española, la primera oleada de migrantes italianos, los franceses que colonizaron, todos trajeron sus variedades de vid.
Hicieron un oasis de Mendoza y Salta, en nuestras provincias hay diversidad de variedades que en otros países no hay. Eso brinda la posibilidad de innovar.
Además, acá en Argentina, la industria está más fragmentada, ofrece diversas alternativas, en cambio en otros países como Chile, entre 7 u 8 bodegas concentran el 80% de la producción.

Degustación de vinos en Don Carlos

-En zonas como Sierra de la Ventana, han comenzado a producir vinos… ¿Cree que nuestra región tiene potencial en ese sentido?
Me han invitado muchas veces a conocer la Bodega Saldungaray, y pienso hacerme un tiempo para ir. Creo que se pueden hacer vinos distintos a los que estamos acostumbrados, como los de la zona alta de Mendoza o Salta.
No confundamos “distinto” a “mejor o peor”. Me pasó cuando degusté vinos en Tandil o en Médanos, que el productor o el consumidor lo comparaba con el mendocino, para mí eso es equivocarse. Nunca podrán hacer un vino como Mendoza, y en Mendoza jamás podrán producir un vino como el de esta zona.
Acá deben encontrar la diferencia y apostar a ella, capacitándose. Es una inversión de tiempo, esfuerzo y orgullo de saber que podés lograrlo.
Esta región de la Provincia de Buenos Aires comparte una altitud similar con ciertas zonas de Francia, con menos radiación solar que Mendoza y también altitud.
Si hablamos de Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon o Sauvignon Blanc, podrían andar muy bien.
Detrás del negocio del vino también está el negocio del turismo y esta zona de Puan es muy hermosa. Una bodega artesanal donde haya un ambiente familiar y te den de comer bien, contribuiría al desarrollo de un polo gastronómico regional.

-¿El Malbec es el vino emblema de Argentina?
Sí, y la historia detrás de eso es bastante curiosa.
El terroir Malbec proviene de la zona de Cahors, en el suroeste de Francia. Malbec significa “mal pico”, “mala boca”, lo que es sinónimo de feo, porque no es la zona donde se da plenamente la variedad. En Francia, esa uva se utiliza en muy pocos porcentajes, mayormente como colorante para otros vinos.
Cuando los franceses trajeron a Argentina la cepa, la plantaron en un porcentaje pequeño y después de muchos años, se dieron cuenta que el Malbec que tomaba el mendocino era muy diferente al francés.
Acá, ese varietal se desarrolló, se adaptó y se optimizó.
Ahí aparece mi concepto de “Nómade”, porque hago el vino en la zona donde mejor se da. Cada lugar posee un potencial único para desarrollar una cepa.
La vid es una hiedra, crece de norte a sur, el tema es hacer un buen vino con ella.

-Hasta los uruguayos se han posicionado como productores de vinos
En Uruguay han apostado y probado muchas cosas, quisieron compararse con Argentina y no les fue bien. Después se posicionaron con la uva Tannat. Acá es una variedad no demasiado conocida, excepto en Salta donde es de gran calidad. Los uruguayos se han diferenciado y posicionado además con el Sauvignon. En los últimos años, han plantado vides en otras zonas del país, más cercanas al mar.
El paladar del europeo o del norteamericano tiene una preferencia hacia algunos de los varietales que se producen en Argentina.
Nuestro mercado mayoritario, el número uno, es por lejos el norteamericano. Luego, dependiendo del año, le siguen Inglaterra y Canadá.
El anglosajón está acostumbrado a tomar vinos con cuerpo y les encanta el vino argentino. Primero eligen el Malbec, y luego los cortes con Malbec del estilo Cabernet Malbec, Malbec Merlot o Cabernet Franc con Malbec o viceversa.
Todo lo que tiene Malbec tracciona en Estados Unidos. Introducir otra variedad cuesta mucho. Paul Hobbs, un enólogo de culto en Estados Unidos, trabaja mucho en Argentina e hizo un trabajo excepcional para posicionar nuestro Cabernet Sauvignon y ahora lo intenta con el Cabernet Franc.
Se cumplieron dos años desde que, por primera vez, comencé a exportar Cabernet Sauvignon. Eso es muy bueno porque entrás a competir en las góndolas de los grandes centros comerciales. Antes, en el exterior, solo encontrabas Cabernet chilenos, franceses, sudafricanos, de Napa Valley o de Oregon. Argentino no había ninguno.
Ahora ya entramos en otra categoría, porque el Cabernet es el rey de las cepas tintas.
Es muy bueno que Argentina pueda incursionar en otras variedades. (edit. Todas las voces Puan)

Gentileza de Tomás Achaval

 

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